Opinión | 14:00

Analisis de impacto electoral

El costo político que el Gobierno parece no estar midiendo: el desgaste silencioso que puede definir el 2027

"La historia reciente de la Argentina demuestra que quienes subestiman ese desgaste suelen descubrir su verdadero costo recién cuando llegan las urnas", considera Emiliano Ayerdi.

Por Emiliano Ayerdi, especial para NOVA

Tres meses duró el desgaste político de Manuel Adorni, un proceso que, a mi entender, el Gobierno nacional aún continúa subestimando. Más allá de la coyuntura, la verdadera pregunta no es qué ocurrió en ese momento, sino cuál será el impacto electoral que ese desgaste puede generar de cara a las elecciones presidenciales de 2027.

En política, los errores rara vez desaparecen; muchas veces simplemente quedan latentes hasta que una elección los convierte en un costo real. Por eso considero que el caso Adorni no debe analizarse únicamente desde la comunicación o desde la gestión cotidiana, sino como un posible indicador de una falla más profunda en la estrategia política del oficialismo.

A esa situación se suma otro elemento que merece atención: la exposición de Diego Santilli. En un contexto donde los enfrentamientos internos, las operaciones políticas y las filtraciones de información ocupan un lugar cada vez más visible dentro de la discusión pública, asignarle un rol de mayor protagonismo puede no resultar necesariamente beneficioso para sus aspiraciones futuras.

Desde mi análisis, cuando un dirigente tiene altas posibilidades de competir por un cargo de gran relevancia (como la Gobernación de la provincia de Buenos Aires), la estrategia no siempre consiste en aumentar su exposición.

En muchos casos, la sobreexposición termina acelerando el desgaste antes de tiempo. Lejos de fortalecer una candidatura, puede convertir al dirigente en un blanco permanente de cuestionamientos y ataques políticos.

Por eso considero que Diego Santilli podría estar ingresando prematuramente en una etapa de desgaste que, de mantenerse, podría afectar sus posibilidades de cara a 2027.

Sin embargo, el punto central de este análisis no es Santilli, sino comprender cómo determinados errores políticos pueden impactar directamente sobre la figura del presidente Javier Milei y sobre el futuro electoral de La Libertad Avanza.

Argentina viene demostrando desde hace tres gobiernos consecutivos un comportamiento electoral extremadamente volátil. En apenas tres elecciones presidenciales, el país eligió proyectos políticos completamente diferentes entre sí, con visiones ideológicas incluso opuestas.

Esa dinámica demuestra que el voto argentino es mucho menos estructural de lo que muchos dirigentes creen y mucho más sensible a los aciertos y errores de cada gestión.

En ese contexto, ningún capital político puede darse por garantizado.

Distintos estudios de opinión comenzaron a reflejar señales de alerta. Según datos difundidos por Zuban Córdoba, más del 42 por ciento de los votantes de La Libertad Avanza modificó su nivel de confianza tras los escándalos que atravesó el oficialismo.

A su vez, sondeos de CEOP Latam indicaron que alrededor del 80 por ciento de los consultados consideró necesaria la salida del funcionario involucrado para reducir el costo político de la situación.

Más allá de las diferencias metodológicas entre las encuestas, ambas coinciden en un aspecto central: una parte importante de la opinión pública percibió un costo político que el Gobierno parece no haber dimensionado completamente.

A esto se agregan los conflictos internos que comenzaron a hacerse públicos dentro del oficialismo, con cruces protagonizados por Patricia Bullrich y otros dirigentes, alimentando la imagen de tensiones que difícilmente pasen inadvertidas para el electorado.

Mi interpretación es que estos episodios, acumulados en el tiempo, pueden tener un efecto electoral mayor al que hoy reflejan las encuestas. Estimo que La Libertad Avanza podría haber resignado alrededor de 14 puntos porcentuales de su potencial caudal electoral, votos que podrían redistribuirse entre distintos espacios políticos.

Algunos podrían regresar al PRO, mientras que otros podrían encontrar en Victoria Villarruel una alternativa dentro del propio universo del electorado que apoyó al oficialismo en 2023.

Naturalmente, esa proyección constituye una hipótesis de análisis político y no una afirmación basada en resultados electorales, pero sirve para ilustrar una cuestión de fondo: las estrategias políticas no se evalúan únicamente por el presente, sino por la capacidad de preservar el capital electoral hacia el futuro.

En política, muchas veces el verdadero problema no es el error cometido, sino la decisión de ignorar sus consecuencias. Mientras buena parte del debate público continúa concentrada en la coyuntura diaria, el impacto electoral de estos acontecimientos podría estar construyéndose silenciosamente.

Y la historia reciente de la Argentina demuestra que quienes subestiman ese desgaste suelen descubrir su verdadero costo recién cuando llegan las urnas. 

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