Provincias Argentinas | Ayer
La deuda
Gonzalo Conti figura como monotributista categoría A pero debe 4 millones: el insólito caso del extorsionador de Mendoza
El comunicador mendocino opera detrás de varias páginas web y perfiles de Instagram para difundir falsas noticias y apretar a sus víctimas. Su deuda explotó mientras figura como monotributista categoría A.
Mendoza tiene un problema y se llama Gonzalo Conti. Este tipo, que se hace llamar periodista, construyó una carrera paralela dedicada a la extorsión y la difusión de noticias falsas mientras se paseaba por las redacciones más importantes de la provincia. Trabajó en MDZ y en diario UNO, dos medios que en teoría representan espacios políticos enfrentados, pero Conti siempre estuvo ahí, como una cucaracha que sobrevive a cualquier fumigación, moviéndose entre pasillos sin que nadie le pregunte demasiado.
El personaje ahora está en el centro de la escena porque se descubrió que opera detrás de varias páginas web y perfiles de Instagram que replican sus operaciones como si fueran un ejército de fantasmas. La estrategia es simple: crear la ilusión de que sus amenazas tienen alcance masivo para que las víctimas paguen por miedo. ¿El negocio? Pedir dinero a cambio de no publicar fotos íntimas o falsas acusaciones. Una verdadera joya del periodismo mendocino.
Pero la cosa se pone mejor cuando uno revisa sus finanzas. Conti tiene una deuda que supera los 4 millones de pesos, un número que no cierra por ningún lado si se tiene en cuenta que en ARCA figura como monotributista categoría A, o sea que declara ingresos de apenas 900 mil pesos mensuales. ¿Con qué plata paga? ¿Con qué cara se presenta ante el fisco mientras extorsiona a medio Mendoza? Las cuentas no dan, pero el tipo sigue operando como si nada.
Los que conocen su historia cuentan que cuando fue jefe de redacción en un medio local, su propio equipo lo ninguneaba. Los empleados decían abiertamente que "hacían lo que querían" porque Conti "no tenía autoridad". Mientras tanto, el licenciado estaba más ocupado en sus negociados personales que en dirigir una redacción. Un jefe ausente que prefería las sombras antes que el trabajo periodístico serio.
Las denuncias contra Conti no son nuevas. En Mendoza circulan historias de empresarios, políticos y hasta particulares que fueron víctimas de sus aprietes. El modus operandi siempre es el mismo: una llamada, un mensaje, una amenaza con información falsa o material íntimo, y la exigencia de un pago para que todo desaparezca. Un verdadero profesional de la extorsión que encontró en el periodismo la cobertura perfecta para su negocio.
Lo más grave es que este tipo sigue moviéndose con total impunidad mientras la Justicia mendocina mira para otro lado. Conti construyó una red de sitios web y cuentas en redes sociales que funcionan como una fábrica de desinformación, y nadie hace nada para frenarlo. Las víctimas tienen miedo de denunciar porque saben que el tipo cumple sus amenazas.
La pregunta que todos los mendocinos deberían hacerse es sencilla: ¿cuánto daño le hace a la provincia un personaje como Gonzalo Conti? Mientras los periodistas de verdad luchan por mantener la ética y la transparencia, este tipo se dedica a ensuciar la profesión, a manchar el nombre de Mendoza con sus extorsiones y a vivir de la desgracia ajena. La respuesta es clara: un daño enorme, incalculable.
Conti no es periodista, es un extorsionador con título universitario. No es un comunicador, es un delincuente que usa el micrófono como arma. Mendoza merece saber quién es realmente este personaje y merece que la Justicia actúe de una vez por todas. Mientras tanto, el licenciado seguirá operando desde las sombras, acumulando deudas y amenazando a quien se cruce en su camino.
