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Empleo bajo presión

Marcelo Peretta marcó un límite a la IA: “Capacitarnos para usarla, no para que nos reemplace”

El referente sindical reclamó preparación frente a una transformación que ya permite automatizar procesos y realizar en segundos tareas antes desarrolladas por personas.

El avance acelerado de la inteligencia artificial abrió una discusión que atraviesa prácticamente todas las actividades: qué ocurrirá con los puestos de trabajo a medida que las máquinas sean capaces de desarrollar tareas que hasta hace pocos años dependían exclusivamente de las personas.

En medio de ese debate, Marcelo Peretta fijó posición y puso el foco en la necesidad de que los trabajadores puedan incorporar las nuevas tecnologías sin quedar desplazados por ellas. Para el dirigente sindical, la respuesta frente a la transformación no debe ser rechazar la inteligencia artificial, sino aprender a utilizarla y establecer límites sobre el lugar que ocupa dentro del mundo laboral.

“¿La inteligencia artificial nos puede dejar sin trabajo? La IA es una herramienta, pero no puede ser más que eso. Necesitamos capacitarnos para usarla, pero no para que nos reemplace”, expresó Peretta.

La definición plantea una diferencia central dentro de una discusión que gana terreno a medida que aparecen nuevas herramientas capaces de automatizar procesos administrativos, generar contenidos, analizar grandes cantidades de información y realizar en segundos tareas que anteriormente demandaban horas de trabajo humano.

Desde esta perspectiva, la capacitación aparece como una pieza fundamental. La incorporación de inteligencia artificial al ámbito laboral obliga a actualizar conocimientos y desarrollar nuevas habilidades para que la tecnología funcione como un complemento capaz de mejorar la productividad y no como un mecanismo destinado exclusivamente a reducir puestos de trabajo.

El fenómeno también representa un desafío para sindicatos, empresas y gobiernos. La velocidad de la transformación tecnológica puede provocar que determinadas tareas desaparezcan o cambien profundamente antes de que los trabajadores tengan tiempo suficiente para adaptarse, especialmente en aquellos sectores donde existen mayores posibilidades de automatización.

La discusión, entonces, excede a la propia tecnología. La inteligencia artificial no determina por sí sola cómo será utilizada dentro de una empresa: detrás de su implementación existen decisiones económicas, empresariales y políticas que definirán si sus beneficios sirven para mejorar las condiciones laborales y aumentar las capacidades de los trabajadores o simplemente para sustituirlos.

Para Peretta, el camino pasa por apropiarse de esas herramientas mediante la formación. La tecnología puede modificar profesiones, acelerar procesos y transformar la organización del empleo, pero el límite debe estar puesto en preservar el protagonismo de las personas.

La inteligencia artificial ya forma parte del presente laboral y difícilmente pueda frenarse su expansión. El desafío será evitar que la adaptación se convierta en resignación: capacitar a los trabajadores para convivir con una tecnología que los ayude a producir mejor, sin aceptar como inevitable que una máquina termine ocupando su lugar.

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